PAULO GASTON FLORES -  ARQUITECTOS

Se trata de la convocatoria al concurso realizado en el marco del convenio firmado por la Commissione per la Cultura Italiana a Mar del Plata con el Colegio de Arquitectos del Distrito IX de la Provincia de Buenos Aires y con la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de Mar del Plata.

 

Nuestra propuesta para el Centro Cultural Italiano de Mar del Plata enfatiza el carácter público de la Institución con un planteo  urbano integrador, considerando que el edificio y su entorno conformarán un conjunto que dotará a la ciudad de una nueva centralidad de ocio, esparcimiento y promoción de la cultura.

 

El conjunto y su entorno

La intervención urbana va más allá de los límites de la manzana del Centro Cultural.  El tratamiento de la plaza, la manzana de Anses, el triángulo de la Av. Edison y las vías del FFCC, se lo ha entendido un todo.

Este recinto parquizado, como significativo ámbito exterior, plantea un recorrido paisajístico desde la Av. Edison, que alterna  espacios de pausa y de encuentro, con equipamiento específico y pavimentos que hacen legible su condición estructurante y de  nexo entre el centro y su medio. Se incluyen zonas de descanso, contemplación y también áreas de equipamiento para prácticas de skate.

Este recorrido concluye enfrente del edifico del Centro Cultural, creando un ensanchamiento en el pavimento peatonal para dar cabida a actividades públicas al aire libre, como festivales, exposiciones, espectáculos o cine.  La suave pendiente de la plaza acentúa la perspectiva y el propio edificio se constituye como telón de fondo configurador de la escena urbana.

En la plaza, la intervención plantea una mediación con los equipamientos que pueden mantenerse y aprovecharse, como la cancha de futbol y otras  actividades recreativas

 

La arquitectura del Centro

 

“No creo que se pueda usar de nuevo un espacio arquitectónico ya existente si no se proyecta de nuevo.  Esto significa hacerlo pasar a través de una especie de operación que lo ‘desestructura’ respecto del contexto al que pertenecía en el pasado para ‘reestructurarlo’ en un contexto del presente. La operación implica al mismo tiempo al artefacto y a quien deberá utilizarlo, y su propio punto culminante es su ajuste reciproco dentro de una nueva experiencia creativa que transforma a ambos.”

Giancarlo De Carlo.

 

El Centro Cultural propone el reciclaje de los cuerpos de fábrica existentes con el agregado de un bloque nuevo, como completamiento en la parte posterior del conjunto.

A lo largo de la fachada principal del edificio, se ubica un espejo de agua que funciona como humidificador del aire, alivianando la masividad del cuerpo de fábrica y creando una imagen reflejada del edificio y del cielo. Es también un elemento evocador del mar, dada su importancia a lo largo de la historia italiana en general y la comunidad marplatense en particular.

El Centro Cultural será un espacio abierto de intercambio, difusión, educación, divulgación cultural y científica, por este motivo consideramos que uno de los temas principales de la propuesta estriba en el carácter unitario de un edificio con programas múltiples. Se recrea  en el conjunto la complejidad  y diversidad de  la condición urbana, una pequeña ciudad donde coexiste una multiplicidad de actividades, niveles de interacción e intercambio.

 

Adecuación entre contenedores y usos

Se ha tratado de distribuir el programa de la manera más eficiente posible, evitando la dispersión y fomentando la compacidad para reducir los costos.

Se descarta la utilización de la caja arquitectónica de la nave principal como un mero contenedor estancado en el tiempo, un sarcófago sin contenido cuyo espacio de 1500 m2 deberá estar siempre lleno, sabiendo de antemano la imposibilidad de cualquier institución de mantener permanentemente lleno un espacio de estas características y con el problema de falta de contenido que se generaría como imagen de la Institución al no mantenerlo constantemente con exposiciones.

Por este motivo, la propuesta pone especial énfasis en el carácter protagónico del espacio interior de la nave principal, teniendo en cuenta que la razón de ser de la nave era albergar y cubrir objetos de menor escala (máquinas sobreelevadas sobre plataformas a + 4 mts. (En la memoria del edificio siempre hubo objetos y edificios más chicos dentro de la envolvente).  Se propone una relación armónica entre las capacidades y condiciones de cada contenedor y los usos distribuidos buscando adaptarse a las características de cada bloque, sea preexistente o de nueva planta. En todos los casos se busca la integración de las áreas de apoyo en relación al espacio mayor de la nave principal. Se plantea la distribución de programas educativos y administrativos en los recintos con estructura de luces menores y los programas de exposición, auditorio y gastronomía, en los espacios de luces y escala mayores.

 

El baldaquino como concepto

En la nave principal se diseñaron baldaquinos que se contraponen a la gran escala de la nave,  estableciendo un diálogo contenedor-contenido / permanencia-cambio. Estos nuevos edículos permiten el control adecuado de diversas exposiciones y/o actividades que puedan funcionar simultáneamente, dado que un espacio de semejante tamaño debe tener el equipamiento necesario para albergar dichas exposiciones.

El baldaquino  como material proyectual es una especie de recipiente cuya forma surge de la propia nave,  siguiendo sus mismas reglas de generación, con una estructura de plataformas de hormigón que se apoya en el suelo mediante columnas y una envolvente liviana de chapa pintada y placa de yeso en el interior.

La homogeneidad del espacio interior de estos nuevos recintos, crea una atmósfera estable que pone cierto reparo y contención en contraste con la dinámica y fluencia espacial de los ámbitos públicos. En la síntesis de su envolvente externa, hay también una referencia al diseño industrial italiano y a su producción automovilística.

 

 

El nuevo bloque

Dada la imposibilidad de ubicar edificación ente el extremo NO de la nave por la poca distancia a la línea municipal (solo 12 metros) y con el objeto de evidenciar el sistema de crecimiento indefinido del galpón, se optó por crear un bloque compacto paralelo a la nave principal y contiguo a la nave secundaria, liberando la visión del corte hacia la calle.  

El nuevo bloque construido que alojará las áreas educativas consiste en un edificio de estructura de hormigón con una doble piel: la interior de mampostería o placas livianas y la exterior de perfiles de vidrio tipo u-glass. Este recurso crea una cámara de aire que cumple funciones de climatización, resolviendo la envolvente externa con un material noble y durable, otorgando un aspecto homogéneo y de neutralidad expresiva.

Esta piel de u-glass continúa también en la fachada suroeste hasta alinearse a la fachada antigua de la nave posterior, en donde se busca la coincidencia de la perfilería con la cornisa del cuerpo de fábrica existente, como elemento unificador. También se busca una relación en las proporciones  verticales de las aberturas, sin buscar la mímesis con la construcción heredada, sino más bien un diálogo empático con la preexistencia, con un lenguaje y dispositivos constructivos de estricta contemporaneidad.

El nuevo volumen se alinea paralelo a la nave principal creando un espacio fuelle intermedio que es tratado como un jardín interior, verdadero pulmón verde del edificio, un espacio con árboles y plantas colgantes desde los bordes de las circulaciones de piso.

 

CENTRO CULTURAL ITALIANO

PUERTO DE MAR DEL PLATA, BUENOS AIRES. ARGENTINA

Datos

Superficie:  7500 M2

 

 

Autores:

                Paulo Gastón Flores, Arq

                Leandro Barreiro, Arq

                Federico Tesandori, Arq

                Alejandro Dafunchio, Arq

 

                Colaboradores:

                                           Fernando Alvarado, Arq

                                           Mariano Albornoz, Arq

MEMORIA DESCRIPTIVA